Los pensamientos no son negativos

No son negativos, sólo desagradables.

Muchas personas viven en lucha con ellas mismas porque se ven a sí mismas como pesimistas, negativas, y quieren cambiar esa forma de ser. Siempre que alguien me plantea esta situación le explico la siguiente historia.

Socialmente, se entiende que existen algunas experiencias que suceden dentro nuestro que son negativas y otras positivas. Es muy frecuente escuchar hablar de pensamientos negativos, como si de alguna manera esos pensamientos fueran dañinos o perjudiciales para la persona que los experimenta.

Seguramente algunos de los lectores no entenderán en este momento este mensaje, asumiendo que les hacen sufrir de manera considerable y que les condicionan la vida. Y por supuesto, que no vengo a ponerlo en duda. Pero también es posible que esas consecuencias sean debidas a percibirlos como negativos, como si fueran más importantes de lo que son, es decir, pensamientos. Y que, tales consecuencias no sean causadas directamente por los pensamientos, sino, de qué hace la persona al experimentarlos.

Para empezar a aclarar lo que intento transmitir, la primera pregunta es: ¿Y si lo que valoramos como negativo simplemente es desagradable? Cuando algo es peligroso lo intentamos poner a una distancia prudencial, mientras que si es desagradable, lo que hagamos dependerá de las consecuencias que se deriven.

¿Qué significa que los pensamientos sólo son pensamientos?

Plantéate lo peor que se te puede pasar por la cabeza, lo que querrías que sucediera. ¿Haber tenido ese pensamiento lo hace realidad? Particularmente creo que no, porque los pensamientos no pueden influir en el mundo, salvo a través del comportamiento del humano que los experimenta.

Si el humano se los toma demasiado “en serio” intentará alejarse de esas experiencias y eso tendrá una repercusión en su vida; en cambio si simplemente identificara el pensamiento y lo dejara pasar (asumo que aprender esta habilidad es complejo) quizá todo iría mejor.

Como también nos han dicho que los pensamientos y emociones provocan el comportamiento, uno se comportará de forma coherente con lo que sienta o piense, ¡aunque podría hacerlo de otra manera! Y es de esta manera como nuestros pensamientos y emociones nos condicionan, pero recuerda, no pueden actuar en el mundo, salvo que nosotros se lo permitamos.

¿Porqué no son negativos?

Los pensamientos y las emociones es la manera que tiene nuestro organismo de intentar influir en nuestras vidas. Pero sus premisas son, en ocasiones, diferentes a las nuestras. Mientras que el organismo sólo está pendiente de aumentar el bienestar, y en especial, de eliminar el malestar, nosotros tenemos unas expectativas que pueden ser contradictorias con los intereses del organismo.

Y es entonces cuando nuestro organismo muestra su opinión generando una llamada de atención, el malestar. Pero lo importante es qué me está transmitiendo mi organismo que haga con mi vida. ¿Cómo me propone este pensamiento o emoción que me comporte? Nuestra tarea como humanos es discriminar si seguimos el consejo de nuestro organismo, o si puntualmente decidimos ir en otra dirección para alcanzar nuestros objetivos.

Para entender esta relación del ser humano con su mente, me gusta poner el ejemplo de una madre sobreprotectora. Cuando ve que su hijo hace algo nuevo, o asume algún tipo de reto, es posible que le llame la atención sobre la dificultad que pueda tener. Como si le estuviera diciendo: “para que te vas a liar, que lo vas a pasar mal”. Pero todos sabemos que la mejor manera de querer a alguien no es eliminarle todo el malestar, sobre todo, porque es un objetivo imposible.

Aprender a relacionarte con la mente, es verla como un buen amigo o amiga, que nos quiere mucho y siempre nos aconseja lo que considera mejor para nosotros. Mostrándonos sus opiniones de manera contundente, felicitándonos cuando lo considera y regañándonos en otras ocasiones. ¿Nos enfadamos con esos amigos? ¿Los consideramos amigos negativos? En general, aunque a veces nos causen dolor, entendemos que incluso cuando no estamos de acuerdo con ellos, todo lo que hacen es por nuestro bien. Pero también vale la pena recordar que ellos tienen todo el derecho a opinar, pero cada uno tenemos derecho a elegir nuestros propios riesgos, retos, incluso a pesar de los demás.

Si no nos enfadamos con nuestros amigos cuando nos hacen sufrir, y nos dicen lo que no queremos escuchar, ¿por qué hacerlo con nuestra mente? Si la mente, como los amigos, nos hace ver cosas que no habíamos tenido en cuenta podemos cambiar de idea. Pero si nos plantean cosas que ya hemos considerado, o que no de suficiente peso para nosotros ¿por qué cambiar de idea? Le damos las gracias por su opinión, le hacemos saber que contamos con ella, y dejamos que ese pensamiento o emoción se vaya, tal y como ha venido, y que deje espacio para otra nueva. Y detrás de cada experiencia allí estarás tú, para decidir qué hacer.