Lo Que Soy

Miguel  Ángel Manzano
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  loquesoy@miguelangelmanzano.es

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Soy psicólogo de formación original Cognitivo-Conductual, formado en la UTC (Unidad de Terapia de Conducta de la Universidad de Barcelona), al empezar mi práctica profesional me cuestioné las variables que determinaban tanto la eficacia del método en unos pacientes y no en otros, así como mi propia influencia en la evolución terapéutica.

Este cuestionamiento me llevó a conocer la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), con cuyos planteamientos me sentí más cómodo al instante. Participé en numerosas formaciones tanto en Madrid como Almería.

Durante mi recorrido en ISEP, Instituto Superior de Estudios Psicológicos, y como docente del Master en Psicología Clínica y de la Salud ofrecí formación sobre Aceptación desde una perspectiva psicológica.

Con la sensación que la psicología no tenía todas las respuestas, aunque me había aportado muchas. Con la intuición que el cuerpo tenía algo que decir en la evolución de los tratamientos, me involucré en ese descubrimiento. Inicalmente, aprendí técncias de reprocesamiento cerebral, en concreto, EMDR©, y otras técnicas que influían directamente en el cuerpo, como tapping o EFT.

Más adelante, me decidí a estudiar kinesiología holística y profundizar en las aplicaciones emocionales de esta disciplina. Poco a poco, el organismo se incorporaba a la terapia, sin perder como filosofía la aceptación como marco global.

En la siguiente etapa conocí el Sistema de Diseño Humano, que me impulsó a una aceptación menos psicológica, más vital, y no tan dependiente de la lógica, siguiendo lo que denominan, Estrategia y Autoridad.

Posteriormente, me inundé de la filosofía Advaita y su planteamiento que bien se podría resumir como Aceptación Radical.

También me encontré con “El Trabajo” de Byron Katie* y lo he vivido como el fin de un círculo. Volver al cuestionamiento de los pensamientos de la terapia cognitiva contrastándolos con la realidad, pero una realidad profunda, esa que nos señala Advaita.
Para mí, “El trabajo” es algo así como la terapia cognitivo-advaita.

La últimas influencias son el TRE© (Tensión & Trauma Release Exercises) y la teoría Polivagal.

El TRE© una práctica diseñada por David Berceli que principalmente estimula el músculo psoas mediante 6 ejercicios, para facilitar la activación de un mecanismo que disponemos los mamíferos para temblar. Este sistema del temblor, es una de las maneras que tiene nuestro organismo de saber que el peligro ya ha pasado y poder salir del estado de protección y tensión.

Por su parte, la Teoría Polivagal de Porges nos ofrece una visión ampliada del sistema nervioso autónomo, y los 3 sistemas de protección que se activan de forma involuntaria en un contexto percibido como amenazante.
El organismo de forma autónoma procesa la información (neurocepción) de nuestro entorno, y si percibe amenaza, adopta un sistema de protección dependiendo del riesgo que implique (compromiso social, movilización e inmovilización) que dependen de redes neuronales distintas (vago ventral, parasimpático y vago dorsal respectivamente).

Toda esta trayectoria influye en mi forma de vivir y de ofrecer acompañamiento en terapia, donde siempre he procurado rescatar la eficacia y la aplicabilidad de las diferentes disciplinas con las que he entrado en contacto.

Después de todo este recorrido me sigo sintiendo un terapeuta de conducta, y es que, mientras utilice el análisis funcional de conducta seguiré vinculado a mis raíces.

Lo Que aprendí de…

De la Terapia Cognitivo-Conductal, TCC o CBT, aprendí a observar e identificar los pensamientos, emociones y conductas, así como sus consecuencias.

De la Terapia de Aceptación y Compromiso, ACT, aprendí que los pensamientos y emociones no son el problema en sí mismo. La cuestión es el poder que les hemos dado para dirigir nuestra vida, y el esfuerzo que hacemos para no pensar o sentir algunos en concreto.La terapia, pues, debía ir dirigida a facilitar la tolerancia emocional.

Del EMDR©, tapping y técnicas similares, aprendí que pueden existir ejercicios sencillos que implican al cuerpo y que nos pueden facilitar el distanciamiento, la tolerancia y la incorporación de estados emocionales hasta ese momento rechazados.

De la kinesiología aprendí que el organismo tiene su propia forma de almacenar la información, con una perspectiva obviamente evolutiva, que es fácilmente identificable gracias a los diferentes modos de test kinesiológico.

Del Diseño Humano aprendí que en términos generales los humanos somos seres receptivos, es decir, dependientes del contexto. Descubrí de manera más clara, que necesitamos un contexto favorable, un cuándo adecuado para poder desplegar nuestra energía. Este aprendizaje me ayudó a despojar la fuerza de voluntad, el esfuerzo y el sacrificio, como estrategias terapéuticas.

De Advaita aprendí a estar abierto a las leyes naturales, en lugar de atender a las reglas verbales. Todo tiene su momento, que además, no se puede precipitar. Aprendí a identificar el esfuerzo casi constante, e inútil, en el que estamos implicados casi todos los humanos, intentar acelerar el tiempo.

De “El Trabajo” de Byron Katie, aprendí a distinguir entre la mente y la Realidad, y a aprovechar el pensamiento para facilitar que la persona pueda ver su sufrimiento como el esfuerzo para que las cosas sean diferentes de como son, y a través de su propia experiencia pueda darle la vuelta al pensamiento y experimentar la paz de sentir que todo está bien como es.

Con la práctica del TRE© he entrado realmente en contacto con mi organismo. El mecanismo del temblor, al ser autónomo, te obliga a experimentar esa sensación extraña y liberadora de que tu cuerpo realmente tiene vida propia, independiente de tu voluntad. En consecuencia, te involucras en la dinámica de permitirle, cada vez más, su libre movimiento, y que ejecute su sabiduría y guíe la práctica para satisfacer sus propias necesidades.
En el TRE© he encontrado una práctica que trata sobre mecanismos naturales y sobre la supervivencia que me permite entrar en contacto con mi organismo de forma calmada. El TRE© es mi forma de “meditar”.

La Teoría Polivagal me obliga a mirar de una forma no-personal la historia que me explican, pues se trata de observar qué está haciendo el sistema nervioso autónomo, con independencia de la voluntad de la persona. La teoría polivagal nos obliga a reconocer que no tenemos pleno control voluntario sobre nuestro organismo.
Además, de reconectarme con el análisis funcional, me invita a utilizar la terapia como un espacio psicoeducativo que fomenta la convivencia y el respecto entre la persona y su sistema nervioso autónomo, o dicho de otro modo, nuestro primate interior.

*La influencia de “El Trabajo” ha sido indirecta, pues nunca que tenido el placer de participar en ninguna de sus formaciones, y conozco su propuesta por sus libros y videos. Sirva esta nota como reconocimiento para su labor y por si alguien a través de este escrito se interesa en conocerla.