6. Emociones primate

Emociones “primate”

Los primates gestionan sus emociones de una forma muy sencilla: si algo les resulta desagradable, significa que es potencialmente peligroso. Y si algo representa realmente un peligro, su reacción instintiva es la de salir corriendo. Cuando en la jungla hay situaciones que pueden comportar un riesgo para el primate, lo más razonable es que se PROTEJAN.

De hecho, la emoción de la supervivencia es la ansiedad, tan de moda en nuestro zoo. Cuando algo puede ser una amenaza, nuestro organismo se prepara para reaccionar, por eso la ansiedad también es conocida como respuesta de lucha o huida. Por tanto, las emociones son esos instintos que nos avisan de cómo nos están yendo las cosas, incluso antes de que podamos ser conscientes. ¿No te ha pasado nunca que has reaccionado instintivamente frente a un contratiempo, y luego has sido consciente del peligro real que has corrido?

¿Qué pasa cuando nuestro cuerpo identifica un riesgo potencial? Pues que se predispone a protegerse, y para eso, se dan cuatro respuestas fundamentales:

  • Se segrega adrenalina y noradrenalina que provocan inquietud y nerviosismo, lo que permite hacer movimientos veloces en caso de tener que huir. Imagina que estás a la sombra de un árbol en el mundo salvaje, y ves acercarse a un depredador. Y tú que acabas de comer, tienes que levantarte, ponerte a correr, etc. ¡Qué palo! Para que no te lo tengas ni que pensar tu organismo te ofrece una buena dosis de esas sustancias para que necesites moverte. ¡GRACIAS!
  • Si huimos o luchamos vamos a tener que hacer un gran gasto energético, y nuestro cuerpo nos ayuda acelerando la respiración, para que no nos falte energía ¡EL ORGANISMO ESTÁ EN TODO!
  • Pero si el oxígeno se queda en los pulmones, no ganamos mucho, así que el corazón funciona más rápido y con más potencia para distribuir la energía a todo el cuerpo ¡QUÉ HARÍAMOS SIN NUESTRO CUERPO!
  • Si en el momento que te enfrentas a un peligro tienes que decidir donde quieres concentrar tu energía, tu sangre ¿dónde sería? Efectivamente en las extremidades, especialmente las piernas, para facilitar la lucha o la huída. ¡Y ESO ES LO QUE HACE ÉL SOLO! Transporta toda la energía excedente de otras regiones a las extremidades.

Durante miles de años los animales han aprendido a reconocer las situaciones que constituyen una amenaza para la supervivencia, a ponerse a salvo en esos casos, a reaccionar de alguna manera. En el zoo, las cosas son diferentes, nuestro cuerpo nos sigue avisando ante cualquier contratiempo, sin tener en cuenta que para alcanzar nuestros objetivos, a veces, tenemos que asumir algunos riesgos. Es natural que a nuestro cuerpo no le guste.

Lo que pasa es que es difícil saber dónde está el equilibrio. Porque, ni es adecuado que nos pongamos a meditar sobre nuestras emociones, en el mundo salvaje, pues podríamos no advertir lo que constantemente acecha; ni parece muy saludable para la vida en el zoo estar siempre en alerta ante todo lo que nos pasa o nos puede pasar.

No obstante, es natural que frente a las múltiples contingencias de nuestra vida, nuestro cuerpo responda con diversas emociones. Lo hace para que identifiquemos mejor de dónde puede provenir el peligro, si lo hay. Como humanos en el zoo, debemos conocer esos impulsos, valorar cómo afectan a nuestra vida futura y decidir si nos dejamos llevar por ellos o actuamos de forma diferente ¡todo un reto!

La emoción… …pretende evitar o resolver… … y por eso propone
Vergüenza Evaluación negativa No participar en reuniones sociales.
Culpa Herir a otros o cuestionarnos nuestro comportamiento previo Subsanar el daño o ¡cambiar el pasado!
Tristeza Pérdida Recuperar lo perdido
Ansiedad Peligro Luchar o huir
Preocupación Incertidumbre Rumiar
Inseguridad Fracaso Evitar