5. Pensamientos primate

Los pensamientos “primate”

Como primates en el mundo salvaje, ¿cuál es el funcionamiento adecuado de nuestra mente para favorecer nuestra vida?, ¿qué tipo de pensamientos te ayudarían más?

Imagina que estás tumbado a la sombra de un árbol después de haber estado de caza y de haber comido algún animal que has capturado, o algún fruto que has recolectado. De repente, suena un ruido poco habitual… ¿Cómo se supone que debe reaccionar nuestra mente?

Efectivamente, de la forma que más favorezca nuestra supervivencia. Frente a ese sonido, nos podemos plantear múltiples explicaciones: una rama, un animal alejándose, un animal acercándose, un “colega” primate, un caníbal, etc., pero básicamente todas las podríamos agrupar en peligrosas, y no peligrosas.

No peligrosas Peligrosas
Rama

animal alejándose

“colega primate”

animal acercándose

caníbal

 

Si nuestra mente concluye que lo que ha producido el sonido, que nos ha puesto en alerta, es un peligro, nos avisa: “es un depredador”. Entonces, lo más probable es que salgamos corriendo para evitar cualquier tipo de riesgo. Si acierta y realmente era un peligro, GENIAL, ¡nos hemos salvado! Pero, ¿y si se equivoca? Lo peor que puede haber pasado será que nos hemos cansado, y nos podríamos decir a nosotros mismos, “ya te vale”.

Pero, ¿Qué pasa si nuestra mente no detecta causas peligrosas, y nos “regala” siempre interpretaciones mucho más agradables? Si acierta, GENIAL; te has ahorrado una carrera inútil. ¿y si se equivoca? ¡NADA! Pero nada de nada, ¡porque no lo cuentas! Alguien se está poniendo las botas a tu costa.

Nuestra mente, en su esfuerzo por facilitarnos la supervivencia, no está dispuesta a correr riesgos, y siempre que algo pueda suponer algún riesgo, por mínimo que sea, nos lo hará saber.

Si te parece revisamos algunas de las características de los pensamientos “primate”:

  • Pensamiento todo o nada: ¿Te imaginas que frente a ese ruido, te quedaras dudando de si lo ha provocado un depredador o el viento? ¿te imaginas que te pararas a sopesar las probabilidades de que fuera uno u otro? ¡Creo que mientras te decides alguien ya se está alimentando!

No sé tú, pero yo no estoy dispuesto a correr ningún riesgo y sea lo que sea saldría corriendo. Recuerda que en esos contextos salvajes o comes o te comen, y no hay segundas oportunidades. Para evitar cualquier tipo de duda, la mente nos plantea lo necesario para motivarnos a salir corriendo.

  • Generalización excesiva: Lo que hace la mente en esta ocasión es sacar conclusiones generales de episodios concretos, y yo me pregunto: ¿cuál es el problema? Me explico, imagínate que sigues en la selva y te comes un fruto redondo y lila (¿a quién se le ocurre?) y te duele la tripa. Más tarde te encuentras uno cuadrado y lila, ¿te lo comerías? Yo le agradezco a mi mente que haya sacado la conclusión de que los frutos lilas sean tóxicos, quizá se equivoca, pero en cualquier caso me ahorro dolor de tripa. No creo que sea muy adaptativo comer todos los tipos de frutos lila, para deducir que son peligrosos.
  • Filtro mental: Una vez hemos llegado a la conclusión de que lo mejor que puedo hacer es correr, te dispones a huir. Mientras te diriges en dirección opuesta al origen del ruido, te encuentras con muchas cosas diferentes. Unas neutras, otras amenazantes, otras bonitas. En esas circunstancias resultaría extraño que nuestra atención se dedicara a identificar las cosas más bonitas que nos vamos cruzando, y menos detenernos a observarlas con detalle. Mientras observas la naturaleza, el depredador te puede alcanzar. Por eso, agradezco que mi atención se focalice exclusivamente en cuál es el mejor camino por el que huir.
  • Descartar lo positivo: Avancemos en la escena. Sitúate en el momento en el realmente te has alejado considerablemente del origen del ruido. Te sientes algo más a salvo, y como no te ha pasado nada, y has huido a buen ritmo, inicias la celebración de tu victoria. Para ello, saltas, bailas a lo “Maiquelyacson”, y demás cosas que podemos hacer cuando estamos contentos. Se me ocurre que estarías gastando energía que puedes necesitar en otro momento, y además, ¡se puede estar acercando el depredador! Prefiero no celebrar las victorias y seguir atento a lo que pueda suceder.
  • Adivinación del porvenir: cierto es que no tenemos la capacidad de saber será el futuro. Pero aun así, y con la información que tiene nuestra cabeza de todo lo vivido previamente, es natural que se plantee que hay cosas que no van a ir bien o que se pueden complicar. Le agradezco a mi mente que me recuerde que si para huir de un depredador me meto en una cueva, ¡no voy a poder salir! Y que si el depredador entra estaré acorralado. Lo cierto es que no puedo saber si la cueva tiene salida (que quizá la tiene), aun así agradezco que se me recuerde que las cuevas no son un buen recurso para la huida.
  • Magnificación: Como en el caso del pensamiento todo o nada, la mente utiliza sus recursos para movilizarnos. Por tanto, si al escuchar el ruido nos informa que puede haber un pequeño depredador, el impulso de huida es probable que sea proporcional al tamaño. Por tanto, para facilitar que pongamos nuestro máximo empeño en la huida, la mente siempre nos presentará la opción más extrema, para huir de manera proporcional. Una vez más, gracias. Y porque sabemos que no nos lo creeríamos, sino aún sería capaz decirnos que nos ataca un tiranosaurios.
  • Razonamiento emocional: En la vida salvaje las emociones son nuestra brújula y tienen una enorme influencia sobre la manera en que la mente crea los pensamientos. Sería extraño que nos sintiéramos amenazados y mientras nuestra mente siguiera planteándose lo bueno que estaba lo último que hemos comido. Que la mente escuche al cuerpo parece relevante para la supervivencia, y si el cuerpo está en alerta, me alegra que mi mente me lo haga saber.
  • Poner etiquetas: Para poder responder a algo con agilidad, necesitamos tener una impresión instantánea. Es cierto, que casi todo en la vida es plural, es decir, que tienen diferentes características. Pero si nos detuviéramos a plantearnos porque es bueno o malo, o peligroso a la vez que bonito, nuestra supervivencia estaría en peligro. Para evitarlo, nuestra mente clasifica las cosas, y siempre prevalecerá la de peligro. Si no es peligroso, entonces nos podremos detener a conocerlo mejor.
  • Personalización: Siempre que en mi ambiente pase algo agradable o desagradable, me alegra mucho que mi mente se plantee si he tenido algo que ver. Si me cae un fruto del cielo, agradezco que se me presente el pensamiento de “¿lo habré provocado yo al mover el brazo?”, y obviamente lo probaré, y como sea así, ¡ya sabré qué tengo que hacer si quiero un fruto!
    Si por el contrario, lo que sucede es me atacan, me interesa ser cuestionado sobre si mi silbido ha tenido algo que ver con ser descubierto ¡Para no volver a hacerlo!

Además, de todas estas características de pensamiento que tienen que ver con la respuesta frente a una amenaza de depredador, existen otros pensamientos que están relacionados con evitar que nos expulsen de la manada.

  • Lectura de pensamiento: Para evitar que nos echen del grupo, lo más importante es no fastidiar al “prójimo”. Y para no hacerlo hay que tener una ligera idea de qué comportamiento puede ser molesto para los demás. Esto sería tener, la empatía más rudimentaria. Si no la dispusiéramos no nos daríamos cuenta de las reacciones, o no nos plantearíamos como pueden reaccionar los demás y haríamos lo primero que se nos pasara por la cabeza. Una vez más me alegro de que mi mente me avise sobre qué comportamientos pueden tener un impacto negativo en los demás. Si no lo hiciera, y molestara, seguramente sería expulsado, y después con alta probabilidad devorado.
  • Deberías: Este es un tipo de pensamiento mucho más moderno y que tiene que ver con la socialización. Los deberías son las cosas que consideramos que tenemos que hacer para ser aceptados por la comunidad. Cuando no hacemos algo que la comunidad nos ha solicitado encuentro relevante sentirme mal, para ver si eso me motiva a remediarlo. Si ayudo a la comunidad, me necesitarán y no me echarán.

En este punto nos podemos plantear, “vale lo que tú quieras, pero yo no vivo en la selva”. Y evidentemente que es así. Pero que no vivamos en la selva no quiere decir que nuestra naturaleza haya cambiado.

Un ejemplo: Imagina un conejo que en la selva, al escuchar un ruido, saldrá corriendo sin dudarlo. Si es capturado y enjaulado por una persona, no habrá depredador que lo pueda cazar, y aun así intentará esconderse al escuchar un ruido. Es más, los conejos que nacen en granjas, no tienen depredadores potenciales, aun así intentan huir frente a determinados ruidos.

Como me gusta decir, es verdad que no vivimos en la selva, más bien vivimos en el zoo. Como ese conejo al que metemos en una jaula. Pero aun así, nuestra biología, incluida la mente, está preparada para ayudarnos a sobrevivir, porque para eso sirve.

¿Qué podemos hacer? Educar a nuestra mente haciendo notar que en la actualidad no es necesaria tanta alerta. Pero para eso, el primer paso es reconocer lo útil del funcionamiento de la mente; ser agradecido. Y luego aprender el “lenguaje” de la mente, por el que le podemos transmitir qué cosas queremos que tenga en cuenta y a cuáles no queremos que responda con tanta intensidad.

Cuando la mente está en modo primate, los pensamientos desagradables de huida son más probables. Si estás enfadado contigo mismo por el modo en el que piensas, estarás luchando por dejar de ser como eres y, ¡la mente primate se activará!