4. Cómo aprenden los primates y los humanos

¿Cómo aprenden los primates?

Los primates nacemos con una serie de predisposiciones, es decir, que hay ciertas circunstancias que tienden a no gustarnos, por ejemplo, las alturas, los movimientos rápidos, las cosas pequeñas que se mueven por el suelo, las cosas de forma alargada, los ruidos fuertes, etc. Todas ellas son especialmente valiosas para la supervivencia, así como los instintos de los bebés lo son al nacer. Es la ayuda que nos brinda la evolución para sobrevivir.

Toda esta predisposición irá siendo matizada por la experiencia. Durante nuestra vida, las circunstancias que vayamos viviendo nos irán modelando en un sentido u otro. Nos sensibilizarán frente a algunas situaciones o nos permitirán habituarnos a otras.

Un ejemplo que ilustra bastante bien cuánto nos influye tener experiencia se da, por ejemplo, en aquellas situaciones en las que estamos frente a algo que tememos (un insecto) el tiempo suficiente para que nuestro organismo se habitúe. Entonces, bajará la guardia y entenderá que esa circunstancia no es tan peligrosa como imaginaba.

Los medios básicos por los que los primates aprenden son:

  • Imitación: si un primate ve a otro comportándose de una manera que le reporta beneficios, probablemente comenzará a comportarse de una forma similar. Y al contrario si el comportamiento del otro le reporta perjuicio, lo evitará.
  • Consecuencias: dependiendo de lo que obtengamos al comportarnos de una determinada manera, aprendemos si es conveniente o no repetir esa forma de conducta en el futuro.

Las consecuencias más famosas son:

  • Refuerzo positivo. Si al actuar de una determinada manera obtenemos algún beneficio, aprendemos a repetir ese comportamiento en el futuro.

Si un bebé primate alarga la mano hacia su mamá cuando ella está comiendo y ésta le da un poco de su comida, el “monito” aprende que cuando quiera que su madre le dé algo, sólo tiene que alargar la mano.

  • Refuerzo negativo. Cuando al actuar de una determinada manera conseguimos liberarnos de una situación desagradable. Por ejemplo, si un bebé primate se queda olvidado entre unos setos con el riesgo que eso implica, empezará a llorar para que los demás se den cuenta y le atiendan, y así le salvarán la vida. Con su llanto, ha conseguido liberarse de una situación peligrosa, por lo que cuando esté en situaciones parecidas repetirá ese comportamiento.
  • Castigo positivo. Cuando al actuar de una determinada manera obtenemos algún perjuicio, aprendemos a no repetir ese comportamiento en el futuro. Por ejemplo, si un bebé primate se aleja demasiado de sus progenitores, éstos al darse cuenta es posible que le hagan algún tipo de sonido a modo de recriminación. De esa manera el “monito” entiende que esa forma de comportarse no está permitida.
  • Castigo negativo. Cuando al actuar de una determinada manera obtenemos la pérdida de algo agradable. Por ejemplo, dos bebés primates que se encuentran jugando y correteando por la selva, descubren un plátano. Los dos lo quieren y empiezan a pelearse por conseguirlo. Pero lo que empezó siendo un juego, acaba en una pelea un tanto agresiva. Para evitar que puedan hacerse daño, la mamá primate interviene y les quita el plátano, además de transmitirles a modo de regaño que ese comportamiento agresivo no está permitido y que, como los dos bebés acaban de comprobar, conlleva pérdidas importantes.       
  • Extinción. Cuando al actuar de una determinada manera para obtener algo, no hay ningún tipo de respuesta. Por ejemplo, el bebé primate que, para llamar la atención de otros primates salta sobre ellos, éstos reaccionan ignorándolo. De esta forma le estarán transmitiendo el mensaje de que para obtener mi atención, éste no es el mejor método.

¿Cómo aprenden los primates humanos?

Además de los medios anteriores, los primates humanos disponen de un sistema extra de aprendizaje y adaptación: la capacidad verbal, o dicho de otra manera, el lenguaje.

Como es bien sabido, para los humanos las palabras tienen significado, es decir, representan “cosas” del mundo exterior. La palabra “león” simboliza al animal león.

Así, los primates humanos tienen la capacidad de responder de la misma forma frente a la presencia de un león que frente a la palabra león, cuando otro primate humano le grita ¡león a la vista!. Experimentan las mismas emociones, antes las dos situaciones, y por tanto, ante el grito se facilita la huida sin tener que interactuar directamente con el león. Esto supone una gran ventaja en términos de supervivencia, porque permite tomar medidas antes de estar cara a cara con un depredador u otro peligro.

Para poder adaptarnos al ambiente lo mejor posible, los primates humanos no tienen que aprender sólo de su experiencia (refuerzos, castigos y extinción), sino que también lo hacen relacionando los conceptos que ya tienen en su cabeza con otros que van aprendiendo. Y de esta manera se crea una gran relación entre los diferentes eventos que conocemos de manera simbólica.

Por ejemplo, la palabra león (que representa al animal león) se relaciona con la palabra greti (que representa a otro animal). León y greti se relacionan por igualdad en cuanto a que ambos son animales depredadores. De tal manera que se establece que el león es peligroso y el greti comparte esta característica con él. Por tanto, el greti es peligroso, y si alguien te dice que viene un greti, tu cuerpo se pondrá alerta, ¡aunque jamás lo hayamos visto!

Como puedes comprobar, esto supone una gran ventaja para los primates humanos. Además de por igualdad (el león es un depredador igual que el greti), hay otras formas de relacionar los eventos. Algunas son:

  • Por comparación: un greti es tres veces más temible que un león. Si alguien asumiera como cierta esta información, probablemente su temor sería el triple frente a un greti que frente a un león. Como ves, las relaciones que hace la mente tienen un impacto en la supervivencia.
  • Por oposición: un greti es todo lo contrario que un león. Si esto se asumiera como cierto, probablemente al avisar de la presencia de un greti, el primate experimentaría reacciones agradables que no fomentarían la huida.
  • Por jerarquía: como comentábamos, un greti es un animal depredador. Si el primate teme a los depredadores y le decimos que un greti es uno de ellos, lo temerá porque entiende que tiene ciertas características comunes al resto de los de su especie.
  • Por distancia: y es que no es lo mismo un greti aquí que un greti allí. Gracias a poder relacionar en nuestras mentes las distancias, somos capaces de reaccionar de manera más adecuada frente al peligro.
  • Por tiempo: igual que en el caso de la distancia, no es lo mismo un greti que viene, que un greti que vendrá. De nuevo poder pensar en términos temporales da a los primates humanos una ventaja respecto al resto de animales.
  • Por causa y efecto: es de vital importancia que la mente primate sea capaz de relacionar cosas que pasaron antes con las consecuencias que se derivaron después. De esta manera, si establecemos que cocinar en una hoguera es la causa de que se acercara el greti, es posible que en el futuro nos lo pensemos dos veces antes de encender fuego sin tomar más medidas de prevención.
  • Por Yo, tú, él: y es que no es lo mismo que yo tenga un greti en mi espalda, que lo tengas tú o que lo tenga él. La manera de reaccionar será diferente. Si verbalmente alguien me dice “tienes un greti en la espalda”, reaccionaré de otra manera que si me dicen “tengo un greti en la espalda”. Debido a que somos capaces de personalizar, tenemos mayor variabilidad de respuestas y más posibilidades de sobrevivir.

Como puedes observar, la mente primate aporta toda una serie de ventajas sobre el resto de especies y queda la que probablemente sea la más importante, pero esa la reservo para el artículo “Vivir en el zoo”.