2. Primates en manada

Primates en manada

Un aspecto muy importante de la vida de los primates es que viven en comunidad, en un entorno salvaje. ¿Será por casualidad? Yo creo que no. Recuerda que en la naturaleza pocas cosas se dejan al azar.

Los primates viven en comunidad, en manada, porque eso favorece su supervivencia. Imagínate a un primate libre en una jungla, viviendo aislado del resto, la verdad es que tiene pocas oportunidades de seguir con vida. Demasiados depredadores frente a un organismo con poca capacidad para defenderse… No tenemos grandes dientes, ni músculos fuertes, ni tampoco somos demasiado rápidos. Sólo nos queda una opción. La unión hará la fuerza, es decir, los primates se unen porque así tienen más opciones de sobrevivir.

Entonces, cuando nace un primate, ¿está dentro o fuera de la manada? La respuesta es dentro, porque para que la madre haya concebido tiene que haber estado en contacto con otros miembros de su especie. Y si el embarazo ha llegado a buen puerto, es porque ha tenido ayuda del grupo para seguir adelante.

Por tanto, una vez el pequeño primate está en el mundo, tiene asegurada la protección de la manada porque ya pertenece al grupo. Ahora su gran preocupación es seguir perteneciendo a la manada.

Lo importante a partir de ese momento no es tanto ser aceptado como, sobre todo, no ser rechazado. ¿Y qué podría hacer que un primate recibiera un rechazo? Pues que vaya por ahí “metiendo el dedo en el ojo ajeno”, es decir, molestando, y provocando enfado en sus iguales.

Para evitar el rechazo, los primates desarrollan una especial sensibilidad para identificar situaciones en las que su comportamiento puede suponer una molestia para los demás. Pero esta capacidad va más allá, pueden anticipar, también, qué comportamientos pueden ser inadecuados incluso antes de hacerlos. Esta característica tampoco es tan mágica, los animales domésticos ya tienen cierta noción de qué va a suponer un problema, y antes de hacer determinadas cosas, se giran y te miran, comprobando tu reacción.

Podría afirmarse que esta habilidad de los primates son los rudimentos de la empatía. Los humanos, con nuestra capacidad para generar pensamientos (la mente), han desarrollado esta capacidad hasta ser capaces de imaginar e incluso adivinar, en algunos casos, lo que el otro está pensando.

Un aspecto interesante sobre el que conviene reflexionar es qué primate tiene más probabilidades de sobrevivir. ¿El líder? No. El líder puede serlo durante una temporada, pero siempre está en riesgo de que los otros no acepten su liderazgo y le echen de la manada. En realidad el mejor primate para la supervivencia es el que parece que no existe. Me explico: Si los demás no se dan cuenta de que estás por ahí, ¡no pueden molestarse!

¿Te has fijado que a todos los humanos, en alguna medida, nos preocupa la opinión que los demás puedan tener de nosotros? Eso es porque esa característica forma parte de la especie. De hecho, los primates humanos que no tienen ningún tipo de interés por la opinión de los demás, se dice que tienen un problema psicológico, y tendrán más dificultades para adaptarse, igual que en el mundo salvaje.

Entonces, como ya he dicho, atender a las reacciones de los demás es una cualidad muy adecuada para la supervivencia. Si no nos preocupara, podríamos correr el riesgo de molestar, de no identificar o anticipar ese comportamiento inoportuno, y que nos echen.

En el zoo en el que vivimos, algunas experiencias determinadas, por ejemplo, una historia de acoso, rechazo, o una educación demasiado focalizada en no molestar a los demás, pueden despertar al mono que todos tenemos dentro. Y una vez el mono está activo, va a luchar para que no nos rechacen, como si aún siguiera en la jungla. Y lo hará con tanta intensidad como si la situación fuera tan dramática que si nos echan nuestra vida se acabaría. Y para evitarlo, estará siempre avisándonos de los comportamientos que podrían molestar a los demás, y anticipando lo que podría ser causa de rechazo, sin descanso, continuamente. E incluso lo hará respecto a personas que nos importan más, y también las que nos importan menos.

Así, algunos pensamientos del tipo “seguro que no les gusta”, “les voy a molestar”, “pensarán de mí que no tengo ni idea”, “se darán cuenta de que no sé”, etc., son pensamientos muy “monos”, porque son el resultado de nuestra mente más primate. Ésta evita a toda costa que seamos rechazados por los otros miembros de la manada/comunidad. ¿Cómo lo hace? Intenta convencernos para que no tengamos comportamientos que puedan recibir una evaluación negativa de los demás. Es decir, nos advierte cuando nuestro comportamiento puede ser reprobado.

Además de esos pensamientos, el primate también intenta influir sobre nosotros a través del cuerpo, creando emociones desagradables. Así, las emociones de vergüenza o ridículo, de alguna manera nos intentan chantajear. Nos transmiten algo así como “no estoy de acuerdo en que vayas a hablar, así que como no te gusto, si quieres que me vaya, no hables”. Y la persona que no está demasiado dispuesta a experimentar esas sensaciones cede a la presión de las emociones, y se calla. Es probable que al final, cuando el ser humano esté a solas se recrimine no haber participado más en la conversación.

Recuerda que en la jungla no hay posibilidad para asumir riesgos, porque son sinónimo de peligro y muerte. Por suerte, nuestra sociedad actual se parece más a un zoo que a la jungla, ya que no hay depredadores. Ser rechazado por un grupo puede ser desagradable, pero no peligroso, aunque lo parezca.

En el zoo, que es nuestra sociedad, NOS PODEMOS PERMITIR SER RECHAZADOS, porque no hay ningún león esperando. A pesar de esto, nuestro “cuerpo y mente monos” seguirán con las mismas reglas que en la jungla, y procurarán que nadie nos rechace aunque eso signifique que nuestra vida sea menos gratificante.

El cuerpo y la mente monos nos proporcionarán pensamientos en los que se valora el riesgo de ser rechazados, y sensaciones desagradables cuando nos planteemos afrontar situaciones sociales que al primate interior le parezcan de riesgo. Y para evitar que seamos rechazados, la persona que escucha demasiado a su mono, acaba viviendo aislada porque recuerda: el primate que mejor sobrevive es el que parece que no existe.

Esto nos lleva a la paradoja de que, en general, las personas que sufren por la opinión de los demás. Son personas con mucha deseabilidad social, es decir, les gustaría permanecer a un grupo, y la estrategia del mono para conseguir que no los aíslen es ¡AISLARSE!